Budapest es la ciudad de los dulces, pasteles, cremas. Las calles de ciudad siempre tiene olor a masa horneada, azúcar y canela. La repostería Húngara es imperial y riquísima, variada y es lo mejor de la gastronomía de la nación. Dentro de la gran tradición pastelera del país existen cafeterías centenarias y entre las más famosas esta Auguszt cukrászda.
Fui a probar sus tortas y quede encantada. Entre a la cafeteria luego de atravesar una pesada cortina de terciopelo color chocolate, el lugar esta decorado con una monumental lampara antigua de cristales tallados, las paredes decoradas con dibujos preciosos de tierras lejanas: elefantes y avestruces.
Entre la varias tartas que hay para elegir la elección no fue fácil pero finalmente probé la E80 TORTA, un nombre bastante enigmático, que resulto ser una tarta hecha para el 80 cumpleaños de Elemér Auguszt, el «buque insignia» de la casa. Bizcocho con crema de cacao, mazapán, con ligera espuma de café por encima y almendras fileteadas. Una verdadera obra de arte. El café también esta rico.
Hay un libro sobre la pastelería y sus 150 años de tradición. Fotografías familiares, historias y recetas. Allí leo que Auguszt Elek, fue el fundador de la dinastía Auguszt, que abrió su primera tienda en 1869 . En la actualidad, la confitería Auguszt está dirigida por la cuarta generación.
Durante el asedio de Budapest en la Segunda Guerra Mundial, la pastelería fue alcanzada por una bomba y también resultó dañada cuando un vehículo que transportaba municiones explotó justo al lado. La confitería quedó prácticamente destruida, pero Auguszt E. József se dedicó con gran energía a reconstruirla y reabrió su negocio en 1947. La pastelería fue nacionalizada en 1951 y los propietarios fueron deportados, pero la familia logro reabrir las puertas de la pastelería, tras la democratización de hungria. Aunque el lugar ha cambiado el legado de recetas se ha preservado cuidadosamente.
Luego de tanta guerra, pólvora, metralla, incendios, muertes conservar recetas de dulces, y reabrir las puertas de una pastelería es un proyecto lleno de romanticismo y poesía. Seguramente los húngaros han logrado alimentar su alma y cicatrizar heridas con azúcar, harina y crema.